Escritores dominicanos
Página dedicada a la promoción de la literatura dominicana
                    
  Franklin         Franklin Dominguez

                                  Un premio merecido
 
                                 
Por José Rafael Lantigua

    
     
Durante años, Biblioteca ha tratado de reinvindicar el valor y la trascendencia del teatro dominicano. Tanto el que se produce como escritura, o sea el oficio dramatúrgico, como el que se ofrece en las tablas, o sea en la función actoral. Muchos de nuestros ‘acentos’ han estado dedicados, desde la butaca de un
gozador del teatro, a comentar las representaciones que realizan nuestros diferentes grupos de arte escénico, sean sus autores nacionales o extranjeros.
     Apenas la semana pasada escribíamos, al comentar una reciente puesta en escena en la Sala Ravelo, lo siguiente: “Algunos estamos esperando que el teatro sea elevado este año, como ha ocurrido con el Premio Cervantes, en España, a la categoría de Premio Nacional de Literatura, en la obra -y hoja- de vida de uno de sus más distinguidos representantes”. Grande sería nuestra sorpresa cuando supimos esta semana que para recibir el máximo galardón literario del país, concedido a la obra de toda una vida, había sido escogido nuestro gran dramaturgo Franklin Domínguez.
     Por primera vez, el teatro dominicano arriba al principal premio de nuestras letras, y se hace, con toda justicia, honrándose la labor como dramaturgo con más de sesenta obras escritas, del reconocido autor de piezas tan memorables como “Se busca un hombre honesto”, que se representó en todo el país en la década de los sesenta; como “Espigas maduras”, un alegato contra el totalitarismo, estrenada en plena dictadura; como “La broma del senador”, que igualmente fue representada en gran parte del país y que junto a “Se busca un hombre honesto” sigue teniendo significativa vigencia en nuestros días; o, para detener las menciones, como el antologado monólogo “El último instante”, ampliamente celebrado por dramaturgos, actores y directores internacionales.
     En días pasados, antes de que conociéramos los resultados del certamen auspi-ciado por la Fundación Corripio, comentábamos en amable tertulia con el reconocido actor Augusto Feria, la gran calidad de la dramaturgia de Franklin Domínguez. “Las suyas son obras teatrales muy bien escritas”, nos decía el veterano actor, lo que nos permitía afianzar nuestro criterio de la trascendencia de Franklin Domínguez como autor teatral dentro de la historia de nuestra cultura. Hemos dicho otras veces, que el teatro es arte y género literario, que la obra de teatro es escritura
y representación y que, por tanto, cualquier texto teatral sólo puede alcanzar su trascendencia y cumplir su objetivo cuando se hace la puesta en escena.
     Muchas veces, sin embargo, los textos teatrales se modifican, se transforman, en ocasiones incluso se corrompen, cuando son representados. Esta es casi una dinámica intrínseca del quehacer teatral. La mayoría de las piezas de teatro que tienen años de haber sido escritas, para ser llevadas de nuevo a escena, necesitan de adecuaciones por asuntos de temporalidad, ajuste con las nuevas realidades sociales o por simple recreación que permita que el mensaje central de la obra no pierda su esencia, aunque sea necesario acomodar el texto para dinamizar los parlamentos. Empero, los buenos textos teatrales permanecen inalterables, aunque se modifique en la escena (el teatro es arte en movimiento) su dramaturgia. Y más. El texto teatral bien escrito permite que siempre pueda volverse a él como opción para ser representado. Creo que eso pasa con gran parte de las obras de Franklin Domínguez, un dramaturgo señero por distintas razones, en un ambiente teatral que ha contado con figuras estelares en la dramaturgia como Manuel Rueda.
     El teatro dominicano debe sentirse muy regocijado por este lauro a la escritura literaria teatral de Franklin Domínguez, todavía activo en la escena luego de más de cinco décadas de trabajo constante. “Franklin se ha propuesto vivir básicamente en su teatro, para su teatro y de su teatro”, escribió alguna vez otro veterano actor y dramaturgo, Iván García. Como sucedió con Antonio Buero Vallejo que alcanzó la máxima presea de las letras hispánicas, y con otros dramaturgos españoles, el teatro dominicano alcanza hoy con este premio un sitial de honor en nuestra historia lite-raria.
     Urge ahora que se piense en realizar el Festival de Teatro Franklin Domínguez, con una selección de sus piezas, representadas por diversos grupos y directores, y que se lleve a cabo durante todo un año en distintos escenarios, para honrar su obra, acción en que la propia Fundación Corripio y la Secretaría de Estado de Cultura pudiera prestar sus respectivos concursos.
      Justo hoy, Día de Duarte, cuando se conoce esta importante noticia cultural,
su-geriríamos a las autoridades educativas y culturales del país que hagan llevar por todo el país una pieza que veteranos del teatro dicen que está muy bien diseñada y escrita, como “Duarte: el fundador de la República”, con la necesidad que se va creando de que los ideales duartianos sean difundidos y valorados en toda su am-plia dimensión. Hay una ley -la número 370, del 26 de mayo de 1981-, promulgada durante el gobierno de Don Antonio Guzmán, que hace “obligatoria la enseñanza y divulgación de la vida y obra del patriota Juan Pablo Duarte, tanto en las escuelas públicas como colegios y escuelas privadas, a fin de que sea medular el conocimieno de nuestro gran valor histórico-político”. La conocida pieza de Franklin Domínguez podría ser ese medio patriótico de difusión del ideal duartiano, haciendo cumplir el referido texto legal.
     Mientras tanto, nuestra más calurosa felicitación a nuestro gran autor teatral por este galardón que Biblioteca celebra como suyo, ya que su candidatura para este premio la estuvimos promoviendo en los últimos dos años de manera intensiva. Enhorabuena.
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