Escritores dominicanos
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Perfil y valores narrativos de Hima Contreras

Por Rafael García Romero



    
En República Dominicana hay tres escritores y una escritora, que a mi juicio marcan la literatura hecha entre 1930 y 1960: definen su destino y construyen los cimientos para la trascendencia. En tal sentido pienso en Ramón Marrero Aristy, Juan Bosch y Virgilio Díaz Grullón. La escritora es Hilma Contreras.
     Hilma Contreras es un fenómeno de la moderna narrativa dominicana. Esta valiosa narradora comenzó a escribir cuentos en 1935 y a publicarlos en La In-formación, de Santiago, donde vivió muy joven. Nació en San Francisco de Maco-rís en 1913 y publicó su primer libro en 1953, con el título de Cuatro cuentos. Na-rradora recia, intuitiva, sagaz, que aporta no sólo la voz diferente en el grupo de narradores de la generación del '30, sino que desde sus primeras publicaciones emerge con la fuerza y el vigor que definirían los cimientos de su oficio.
      En cuanto a la singularidad de su narrativa, el cuento de esta escritora hay que verlo un tanto a la manera de Enrique Anderson Imbert. Es decir que el cuen-to es un cuento porque cuenta. Cuenta una acción, acontecimiento tras aconte-cimientos. Y el lector, con el ánimo en suspenso, ante cada peripecia quiere saber que va a suceder después, y después, y después, hasta que el narrador, que ha graduado esa curiosidad con una estrategia de clausuras y aperturas, de pronto lo sorprende con un desenlace.
     Claro, cuando hablo del cuento de Contreras estoy hablando de la técnica, de la técnica de hacer un cuento, no del estilo. "La técnica es una palabra que siem-pre se ha prestado a una doble clasificación. Hay quien habla de técnica siempre en sentido negativo porque en la idea romántica de la explicación de la creación pura se supone que la técnica en literatura es en otro plano eso que luego se llama estilo, que es tan difícil de definir. El estilo no nace de la nada. Un estilo no nace, un estilo se hace. Ningún escritor nace con un estilo perfectamente forma-do. Pueden nacer ya con el material, con las ideas, pero salvo aquellos autores que solamente han escrito un libro perfecto, y eso que no podemos saber si habrían escrito más si no se hubieran muerto. No podemos saber cómo hubiera cambiado. Pero en un escritor que ha escrito ocho o diez libros" se nota que la evolución técnica va de lo menos bueno a lo más bueno. A estos conceptos de la técnica de Julio Cortázar obedece el oficio de Hilma Contreras en los veintisiete cuentos que he leído de ella. La técnica es algo que se hace haciendo cuentos.
     En ese sentido, el cuento en Hilma Contreras no sólo obedece a una voluntad profesional, sino también a un hábito, a un instinto que guía a la escritora en la línea de predilecciones valorativas, sentimentales e intelectuales, que en excep-ciones significativas sobrepasan el plano de lo cotidiano.
     Por lo tanto, podemos hallar cuentos apegados a una exquisita depuración de la técnica en el libro titulado EL OJO DE DIOS, precisamente el que se lee bajo el título "Rebeldes". Considero que para los fines de la técnica, "La Carnada" es una buena pieza. Y del libro 4 CUENTOS, prefiero "La Ventana". Y ya más tímidamente, "Polvo".
     Los cuentos del libro EL OJO DE DIOS son asimilados por el lector a partir del conocimiento de un pasado que es retomado por la autora para producir, de dos mundos, una unidad expresiva que tiene que llegar al lector de este tiempo y hacerlo medir la vida con el miserable valor que en tiempos de la dictadura se pagaba.. Pero sobre estos cuentos volveremos más adelante.
     Ahora conviene hablar sobre el cuento urbano, citadino, eminentemente psico-lógico, el cual constituye hoy una modalidad llena de vida dentro del género, to-mando el cuenta el orden donde se adscribe la literatura contemporánea.
De este proceso del cuento urbano que se inició con Hilma Contreras, y que toda-vía está en sus comienzos, la expresión final resulta, para los que vemos de este lado la evolución de la narrativa, algo incierto.
     La Narrativa Urbana aquí entiendo que tiene su origen en tres circunstancias: 1. La transformación social de la República Dominicana que corriendo para la segunda mitad del s. xx dejaba de ser preponderantemente campesina, y por tanto brindaba a los escritores la posibilidad de ver con ojos libres de preceptos y retórica rural la realidad de la actual situación social que se venía imponiendo con los años. 2. La Solidez de un sistema cultural de elite que permite la formación de intelectuales capaces de asimilar de manera coherente los movimientos literarios extranjeros importantes; y 3. La lucha contra un antiguo sentido de la narrativa, que tanto las vicisitudes inherentes al escritor dominicano, como el modelo del Estado hasta 1961, no permitía ideológicamente superar.
     Esto que acabo de decir, debe anexarse de manera inmediata a la existencia de los libros de la autora de marras. Y mi idea sobre el cuento de esta mujer escritora no se debe tomar como una idea que se queda en las palabras que yo organizo para expresarla. Creo que es una cuentista importante, un peldaño de la literatura dominicana que se necesitó alcanzar, con todo y sus personajes viviendo en pueblos y ciudades ideales, estilizadas, con sus momentos donde las historias paralelas no se integran perfectamente en el conjunto, aun sin el recurso de los excesos verbales. Creo que en Hilma Contreras está una parte pequeña pero importante de la narrativa a la que necesitábamos llegar, la narrativa que nos impregna, que nos sacude, que empieza a existir no gracias al folklor y las tradiciones, sino a los caminos que tiene por delante el hombre de finales de siglo, el hombre que vive en medio de una conflagración de influencias globales, producto de que ya la verdad no es única ni específica, no está definida ni sujeta a ningún medio estilístico que ya se haya utilizado. Hoy se vive bajo el imperio de una verdad falsa, contradictoria, llena de ilusiones y sentidos a medias. Hoy más que nunca, la verdad es incompleta, jamás exacta. La verdad de los cuentos de Hilma Contreras está en que a partir de ella, de lo que es ella como escritora, nace la necesidad de hacer una narrativa que teníamos que alcanzar.
     No obstante debo advertir que con relación a su obra narrativa en conjunto, yo me inclinaría por la escritora dual, que representa la existencia en ella misma de las dos formas de nuestra literatura: urbana y rural.
     Es cierto que algunos de los cuentos del libro Entre dos Silencios obedecen a una nueva concepción, hay allí elementos formales, una codificación espacial de la literatura que constituye el discurso visible del contexto urbano; pero están los dos libros anteriores que se contraponen a este último y se inclinan a los modelos en base a los cuales fueron escritos. Es decir, los tres libros (uno de un lado y los dos del otro) constituyen dos sistemas sígnicos. Y "todo sistema sígnico supone programas de comportamiento definido social y culturalmente, y al mismo tiempo está condicionado por los procesos productivos. Los individuos -y en este caso, los escritores-, al realizar un trabajo, erogan fuerza de tipo sígnico, cuya finalidad última es que los productos alcancen un sentido y un valor social, o sea, la comunicación forma parte del proceso de reproducción social".
     Y es que la literatura, los libros, un cuento, una novela, así como la ciudad, y el campo, naturalmente, constituyen un "centro de contactos humanos". En fin, sería necesario hacer otro ensayo para tratar sobre los rasgos esenciales que definen la presencia en República Dominicana de una literatura urbana. La confusión en este sentido crea profundos silencios. Porque entiendo que la llamada literatura urbana, específicamente en Hilma Contreras y en el propio Virgilio Díaz Grullón, no es otra cosa, en realidad, que la existencia de algunos cuentos insertados en un contexto social de la ciudad. Pero esto de la literatura urbana es un fenómeno que en los años que corren hasta la década del sesenta no lo podía controlar ningún escritor, sino que es un proceso que obedece al impulso de fuerzas económicas y sociales externas al escritor.       
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