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| Hilma Contreras: Premio Nacional de Literatura 2002 Hilma Contreras, la silenciosa escritora francomacorisana que con apenas seis libros pu-blicados conformó un universo narrativo propio que le ha merecido ser reconocida como una de las voces narrativas más singulares de la literatura dominicana, ha sido seleccionada este año Premio Nacional de Literatura, máximo galardón de las letras nacionales que conce-de anualmente la Fundación Corripio y la Secretaría de Estado de Cultura a la obra completa de un autor. Con 89 años de edad, la novelista, cuentista y ensayista, quien reside actualmente en la ciudad donde viera la luz de la vida en 1913, recibe el galardón, atribuido de manera unánime por el jurado seleccionador, 49 años después de haber publicado su primera obra, “4 cuen-tos”, con el sello de la Colección La Isla Necesaria, en 1953. A ese libro le seguiría otro de textos cuentísticos, “El ojo de Dios, cuentos de la clandestinidad” (1962). Sus otros libros son: la novela “La tierra está bramando” (1986), el libro de cuentos “Entre dos silencios” (1987),y “Facetas de la vida” (1993). Además, publicó un ensayo: “Doña Endrina de Cata-layud” (1952), basado en “El Libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita. En 1993 se publicó el libro “Hilma Contreras: Una vida en imágenes”, bajo la coordinación editorial de Ylonka Nacidit-Perdomo, que recoge una amplia muestra fotográfica, documental y crono-lógica de su vida. Hija del eminente médico Dr. Darío Contreras, la escritora pertenece a un abolengo de figuras ilustres formado, además de su progenitor, por su abuelo materno Manuel María Castillo y Medrano, héroe de la Restauración, hijo del independentista Manuel Castillo y Alvarez y primo del patricio Ramón Matías Mella. Castillo y Medrano fue el padre del prominente abogado Pelegrín Castillo, tío de la narradora laureada. La madre de Hilma fue Juana Antonia Castillo. Recién nacida, Hilma Contreras inicia su amplio periplo por el mundo que le permitió con los años conocer gran parte de la geografía mundial. Su padre viaja a Francia en 1914 a realizar estudios de medicina en la Universidad de París, acompañado de su esposa y su pequeña hija. Hilma es alfabetizada en Francia. La familia regresa al país en 1920. Hilma ingresa al colegio de la señorita Ercilia Pepín, hasta que vuelve a Francia, en compañía de su maestra, inscribiéndose en el colegio Víctor Duruy en Versailles. En este centro educativo se hace amiga de la hija de la famosa escritora Colette, quien le presta los libros de su madre, entonces prohibidos. En 1928, Hilma ingresa a La Sorbona para realizar estudios de Francés avanzado. Luego regresaría de nuevo a su patria, estableciéndose en San Francisco de Macorís y luego en Santiago. En 1949 publica sus primeros cuentos en La Información. Antes, había enviado algunos de ellos a Juan Bosch quien, en 1937, le escribe una carta diciéndole: “Si yo hubiera tenido en mis comienzos esas facultades que se revelan en Ud. seguramente sería a estas horas un escritor de vuelos. Pero he tenido que luchar mucho con mi inexperiencia, con mi incultura, que he debido ir adquiriendo trabajosamente”. En 1946, cuando ya su padre había operado exitosamente a Trujillo de un furúnculo en la nuca, Hilma Contreras ingresa al mundo diplomático trabajando primero en la legación fran-cesa y luego, a partir de 1962, en misiones del servicio exterior dominicano. Sus cuentos se publican en los Cuadernos Dominicanos de Cultura, en 1946. Su antologado cuento “La ventana”, que escribe en 1950, está ambientado con personajes femeninos que aluden a Aída Cartagena Portalatín, Aída Bonnelly, María Perdomo y la propia autora. El escenario del cuento recrea el estudio de Aída Bonnelly -quien luego sería esposa de otro gran cuentista, Virgilio Díaz Grullón- situado en la calle Danae No. 40, casi esquina Santiago. Durante varios años, a partir de 1962, la escritora que se negó a firmar la carta de adhesión, escrita y promovida por el senador Mario Fermín Cabral para que se le otorgase el nombre de Ciudad Trujillo a la capital dominicana, recorre el mundo, a veces en misiones diplomáticas, otras en plan turístico. Cuando se detiene en ese intenso trajinar por el mundo, en 1977, la otrora activa mujer de tertulias en el Ateneo Dominicano y en la Librería Domi-nicana de Julio Postigo, y de constante presencia en cónclaves internacionales, abandona las actividades sociales y se aísla de las reuniones intelectuales. Mientras tanto, escribe: más cuentos, una novela, hasta que en 1986, veinticinco años después de la publicación de su último libro hasta entonces, es rescatada del olvido y presentada al público lector y a la clase intelectual dominicana que no la conocía a cabalidad.. Manuel Mora Serrano la redescubre haciendo publicar en la Colección Orfeo de la Biblioteca Nacional, su novela “La tierra está bramando”, mientras Editora Taller edita su colección de dieciséis cuentos breves: “Entre dos silencios”, libro este último que la catapulta al reconocimiento. Aún así, Hilma Contreras sigue aislada. Nadie sabe de su paradero, la sociedad intelectual desconoce su destino. Muchos la leían sin haberla visto nunca, sin saber cómo era física-mente. La poeta Ylonka Nacidit-Perdomo fue una de las más activas rastreadoras de su ubi-cación hasta que logró dar con ella y presentarla por primera vez en público, en un coloquio sobre su obra celebrado en julio de 1988 en el entonces Instituto de Cultura Hispánica. Desde entonces le llueven los reconocimientos y ella se abre, aunque siempre tímidamente, a las escritoras jóvenes. Ylonka consigue publicar con Editora Taller su último libro de cuentos, “Facetas de mi vida”, en 1993, año en que se realiza un gran homenaje a su obra efectuado en la Biblioteca Nacional, junto a la publicación del libro “Hilma Contreras: Una vida en imágenes”. Para entonces, ya era una narradora cuyos relatos se incluían en las principales antologías dominicanas y su nombre quedaba expuesto para siempre a la consideración y el afecto de lectores que le reconocen hoy como una de las voces narrativas más importantes del siglo veinte dominicano. Al seleccionarla como Premio Nacional de Literatura 2002, la Fundación Corripio y la Secretaría de Cultura reconocen la valía extraordinaria de esta narradora ejemplar, que ha vivido siempre en el silencio, recuperando su nombre y su obra para las actuales y futuras generaciones que, de seguro, comenzarán a leer atentamente desde ahora su valiosa obra narrativa. Biblioteca festeja este premio, que será entregado el mes próximo, con el cual Hilma Contreras entra al exclusivo recinto de la inmortalidad literaria dominicana. |
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