Escritores dominicanos

Página dedicada a la promoción de la literatura dominicana

     
              La Poesia Sorprendida


LA POESIA SORPRENDIDA. Agrupación literaria aparecida en Santo Domingo en 1943. El origen de la Poesía Sorprendida está ligado a los Triálogos que iniciaron los poetas Alberto Baeza Flores,  Domin-go Moreno Jimenes y Mariano Lebrón Saviñón entre 1942 y 1943. Moreno Jimenes explica el origen de La Poesía Sorprendida de la siguiente manera: "Baeza Flores, Lebrón Saviñón y yo nos sentamos una vez a conversar, Baeza iba copiando todo cuanto se decía. Aunque antes de eso yo tenía el criterio  de que la poesía no debía escribirse sino hablarse. 

    Entonces, todo cuanto habíamos dicho  en la conversación lo titulamos: Los triálogos. Se redactaron, además, La infinita estética, Cosmo hombre y Nuevos triálogos, este último no se publicó. Cuando los llevé a la imprenta para publicarlos, los titulé: Ediciones de la poesía Sorprendida, a ellos le gustó el nombre y cuando me vieron me gritaron: hoy decidimos hacer una revista: La Poesía Sorprendida" (Doce en la literatura dominicana, 53).

     Moreno Jimenes apareció en los primeros números de la revista La Poesía Sorprendida, No obstan-te, desde la reunión inicial para la formación de dicho grupo, éste fue excluido del mismo. Baeza Flores y Lebrón Saviñón se reunieron con Franklin Mieses Burgos, Freddy Gatón Arce y el poeta y pintor  español Eugenio Fernández Granell y, bajo el lema de "Poesía con el hombre universal", dejaron formalmente constituido el grupo.

     Posteriormente Moreno Jimenes expondría lo que a su juicio pudo haber sido la excusa de los sor-prendidos para eliminarlo del proyecto recién iniciado: "Colaboré con ellos en algunos números; querían que sólo publicara para ellos y no para los Cuadernos Dominicanos de Cul-tura que preparaban Pedro René Contín Aybar, Inchaústegui Cabral, Emilio Rodríguez Demorizi y Rafael Díaz Niese. Entonces le contesté: "Si he sido libre en la poesía, soy un hombre libre. Me amenazaron con escribir un artículo contra mí, pero no le hice caso" (Doce en la literatura dominicana, 53). Los triálogos concebidos, de acuerdo al propio Baeza Flores, en la tranqui-lidad nocturna de los parques Julia Molina (actual "Parque Enriquillo") e Independencia” (La poesía dominicana en el siglo XX, 605), en la capital dominicana, versaban sobre el amor, el mar, la poesía, el desengaño, el sufrimiento y otros aspectos del diario vivir, en los que estaba representado el hombre en todas sus cotidianidades.

    El planteamiento básico de los sorprendidos se apoyaba en la universalización del arte. De ahí que su postulado principal fuera: "Estamos por una poesía universal única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; la creación sin límites, sin fronteras y permanente; con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre"(. Manifiestos literarios de la República Dominicana, 42-44).  Los sorprendidos no rechazaron  el pasado ni  negaron los aportes de las culturas y las literaturas extranjeras como lo habían hecho  sus  antecesores. Al contrario, esta-ban conscientes de que la poesía dominicana debía abandonar el localismo folklórico que la identificaba y acercarse más a lo universal. Las relaciones internacionales y el intercambio con importantes escrito-res europeos, latinoamericanos y caribeños de la época, entre ellos Juan Ramón Jiménez, Emilio Balla-gas, Eliseo Diego, Jorge Guillén, Cintio Vitier, Lezama Lima, Ramón Guirao, etc., puso a los poetas sor-prendidos en contacto con la mejor poesía y los más importantes movimientos literarios de aquellos años. Eso los mantuvo al tanto de lo que se estaba escribiendo en otros países de habla española.

     Los integrantes de la La Poesía Sorprendida fueron: Rafael Américo Henríquez, Manuel Llanes, Franklin Mieses Burgos, Aida Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer y José Glass Mejía. El grupo permaneció activo por cinco años, desde octubre de 1943, fecha de la aparición de la revista La poesía Sorprendida, órgano de difusión de sus actividades y su producción poética, hasta ma-yo de 1947,  cuando circuló el último número de dicha publicación.

     Durante esos cinco años salieron a la luz pública un total de 21 números. La dirección de la revista La Poesía Sorprendida fue colectiva. Alberto Baeza Flores, Franklin Mieses Burgos, Ma-riano Lebrón Saviñón y Freddy Gatón Arce fueron los primeros directores (1-7). Pero en 1944 el gobierno ordenó que todos los periódicos y revistas nacionales fueran dirigidos exclusivamente por dominicanos.  Dicha orden expulsó a Baeza  Flores de la revista. Entonces, Franklin Mie-ses Burgos se convirtió en director único (8-13). Luego, la dirección volvió a ser colectiva (14-16). Después, en un desafiante acto de rebeldía, Baeza Flores y Fernández Granell aparecieron nuevamente formando parte del cuerpo directivo. Mieses Burgos asumió por segunda vez la función de director único (17). Finalmente Baeza Flores, Mieses Burgos, Américo Henríquez, Fernández Spencer y Gatón Arce tuvieron a su cargo los números finales (18-21).

     Ese sistema de dirección colectiva confirma el carácter unitario de los sorprendidos y deja establecido que aunque Mieses Burgos, quizás por ser el mayor de todos llevara ocasionalmente la voz directriz, el grupo no tuvo un patriarca ni un modelo estético a seguir. Independien-temente de que los sorprendidos adoptaran una posición neutral frente a la tiranía trujilllista, pues ni defendieron ni censuraron al régimen. Su compromiso político, casi siempre soterrado, y su interés de integrar la poesía dominicana a la tradición poética universal, otorgan a dichos poetas un espacio imperecedero en la literatura nacional.

Postulados de La Poesía Sorprendida

     Los sorprendidos no elaboraron ni dieron a la publicidad ningún manifiesto que definiera su concep-ción de la poesía ni del arte en sentido general. No obstante, formularon una serie de ideas y de plan-teamientos que podrían calificarse como la esencia de su práctica poética.

     A) Estamos por una poesía nacional nutrida en la universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanentes; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre.

     B) Estamos contra toda limitación del hombre, la vida y la poesía; contra todo falso insula-rismo que no nazca de una nacionalidad universalizada en lo eterno profundo de todas las culturas; contra la permanente traición a la poesía y contra sus permanentes traidores por su corta visión.

     C) En los silencios  y en las letras hay un amor callado que solo será  escuchado por el atento a su interior. No interesa a La Poesía Sorprendida que esta amorosa luz sea o no comprendida de inmediato; le basta con tenerla, con amarla, con darla, y que se recoja más tarde o más temprano es razón aparte de su virtud de nacimiento y crecimiento.

     D) La Poesía Sorprendida saluda a todos los trabajadores intelectuales de ambas Améri-cas, y en especial a sus amigos repartidos en los diversos países americanos. Afirma su fe en la creación del mundo más bello, más libre y más hondo de mañana.

     E) Saluda a todos los luchadores del pensamiento y la sensibilidad  de todas las latitudes de la tierra, de todos los climas e idiomas, en una fe invariable, permanente y sagrada por el respeto a la creación del hombre, por sobre cualquier circunstancia, fiel a su lema poesía con el hombre universal.

     F) Aunque queda en nuestro continente mucha poesía de anécdota infiel y de circunstancia y al parecer siguiera produciéndose con la sabida disculpa de que los medios poéticos justifican un fin poético, porque toda la ética exigible a la poesía, ella la lleva en sí, en su razón de existir y de alentar más allá en sí.

     G) Aún esta poesía de cartel y ocasión tiene sus seguidores y a veces se llega a llamar so-cial a esta poesía de geografía económica editorial. ¿Cómo llamar entonces a la poesía, que desechando la cáscara, la pelusa, el pellejo fácil o circunstancial, trabaja en la entraña? ¿No es social toda poesía por el hecho de existir en sí?

     H) Lo propio sucede con el fondo nacional buscado en poesía, no  que está a centímetros sino en entrañas, en profundidades, que no es accidente botánico, eternidad, sino trabajo profundo que abarca una soledad misteriosa, una amorosa entrega al cultivo interior, donde no hay distracciones salvadoras a las que responsabilizar.
     I) Lejos de negar la realidad,  La Poesía Sorprendida
la interpreta, pero entre cogerla en bruto e interpretarla m edia un mundo.

    
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