Escritores dominicanos

Página dedicada a la promoción de la literatura dominicana

     
                Generacion poetica de los 60


     GENERACION DEL 60. La República Dominicana vivió una situación política muy difícil entre 1961 y 1978. Durante ese período ocurrieron varios hechos históricos que cambiaron abruptamente el pen-samiento político-social y el curso del quehacer cultural y literario del país. Entre ellos se destacan: a) la muerte física de Trujillo, que de ningún modo significó la desaparición de la sombra del tirano, b) el ascenso de Juan Bosch al poder, en febrero de 1963, y el inespe-rado golpe militar que lo derrocó siete meses después, c) la Guerra de abril de 1965, que dejó como resultado nefasto la segunda ocupación militar norteamericana en la República Domini-cana y, d) la elección de Joaquín Balaguer como presidente del país, quien fue intolerable con los que continuaron luchando por los principios libertarios enarbolados por los forjadores de la Revolución de abril de 1965.  

     Los acontecimientos políticos ocurridos entre 1961 y 1965 sirvieron para que la juventud de enton-ces expresara libremente todo lo que la tiranía trujillista le había impedido decir. La poe-sía fue uno de los principales recursos utilizados por esos jóvenes para exteriorizar sus inquietudes políticas y sociales y para combatir la corrupción que irrumpió en casi todos los rincones de la sociedad dominicana. El siguiente epigrama del poeta Luis Manuel Ledesma ofrece una idea del malestar general que sentía el pueblo.  

           El secretario de Estado
           tiene a la secretaria
           en estado.

    Durante esos años surgió una cantidad notable de grupos dedicados al estudio y a la difu-sión de la literatura nacional y extranjera; aumentó considerablemente la creación artística en casi todas sus ex-presiones. Se crearon los talleres literarios en la capital y en varios pueblos del país. Ese período, de casi dos décadas, representa un extenso, curioso y a veces compli-cado capítulo de la historia literaria dominicana que debe ser estudiado cuidadosa y desapa-sionadamente.

     En lo que a la poesía se refiere, hubo dos promociones importantes: la Generación del 60 y los Poe-tas de post-guerra. Pero como ambas guardan una estrecha unidad temática e ideológica, ya que se alimentaron de las mismas circunstancias históricas  y,  además,  porque la diferencia cronológica entre dichos poetas es mínima, prefiero reunir ambas promociones bajo el nombre común de Generación del 60. Al momento de la muerte de Trujillo todavía estaban en pleno apogeo los poetas de la Generación del 48: Máximo Avilés Blonda, Lupo Hernández Rueda, Abelardo Vicioso, Víctor Villegas, Abel Fernán-dez Mejía y otros. Tanto Víctor Villegas, inédito hasta 1972 cuando publicó su primer poemario, como Abel Fernández Mejía alcanzaron renombre a partir de la amistad y del trabajo colectivo que desarro-llaron con los integrantes de la Generación del 60 y Poetas de post guerra.

     Además de los poetas del 48 seguían vigentes los sorprendidos Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer y Aída Cartagena Portalatín, Freddy Gatón Arce, y los independien-tes de los 40 Pedro Mir, Manuel del Cabral y Héctor Incháustegui Cabral quienes continuaban escribiendo una poesía valiosa y en consonancia con las circunstancias políticas de la época.  

        A excepción de Luis Alfredo Torres que publicó,  en 1962,  el poemario 31 racimos de sangre, una alusión directa a los 31 años de la tiranía, el asesinato del tirano no despertó inmediatamente en los poetas ya establecidos un apreciable interés de romper con el oscurantismo impuesto por el trujillato. Fue necesario esperar varios años para escuchar a Pedro Mir expre-sar su descontento por el asesinato de las hermanas Mirabal. Lo mismo ocurrió con Sánchez Lamouth.

     Ante ese injustificable silencio aparece la Generación del 60. Cuatro características, en sentido general, definen a esta generación: a) El cultivo de la poesía experimental  (concretista y pluralista)  que encuentra valiosos representantes en Cayo Claudio Espinal,  Alexis Gómez Rosa,  José Enrique García y Enrique Eusebio; b) La aparición en el escenario literario nacional de la poesía publicitante, anunciada por los primeros sesentistas y que se materializa en poe-tas como Enriquillo Sánchez, René Rodríguez Soriano y Pedro Pablo Fernández; c) El acerca-miento a otras líneas poéticas, como los haikus escritos por Alexis Gómez Rosa, José Molina-za y Rafael Abreu Mejía y, d) Conciencia de la importancia de la disciplina teórica, evidenciada en el carácter polemista de muchos de los integrantes de dicha generación. 

     La producción poética de la Generación del 60 se divide en dos períodos, uno que va desde 1961 hasta 1965 y otro desde 1965 hasta 1978. El primer período está integrado por Miguel Alfonseca, Jeannette Miller, René del Risco Bermúdez, Antonio Lockward Artiles, Juan José Ayuso, Pedro Caro, Añez Bergés, Grey Coiscou, Héctor Dotel y el domínico-haitiano Jacques Viaux, quienes presionados por la necesidad de cambios que demandaba la sociedad domini-cana de aquellos días, se  dedicaron a escribir una poesía cuya meta esencial no fuera esca-motear la realidad, sino exponer la problemática nacional de manera que ésta pudiera ser asimilada por la mayoría de los dominicanos.

     Los integrantes del primer período escribieron parte de su obra entre 1961 y 1965. Sin em-bargo, sus textos más significativos no fueron publicados hasta 1965. El aporte temático más valioso de esos iniciadores del discurso literario dominicano post-trujillista es la incorporación de lo citadino y lo urbano en la literatura dominicana. El viento frío (1967) de René del Risco, La ciudad en nosotros (1972) de Rafael Añez Bergés y algunos de los cuentos de René del Risco, Miguel Alfonseca y Armando Almánar muestran la irrupción de lo cotidiano, de lo aparente-mente trivial a un discurso literario, que como el de la época, estaba orientado hacia una poesía en la que, por lo general, sólo tenían cabida los granes acontecimientos históricos. Yelidá, Hay un país en el mundo, Compadre Mon, Poemas de una sola angustia, Vlía, Trópico íntimo, Clima de eternidad son el mejor ejemplo de dicho discurso.

     Para los poetas que precedieron a los primeros sesentistas lo primordial fue la problemática social, la denuncia soterrada y la búsqueda y definición del yo, de la interioridad del ser. Con esas nuevas voces, dice Alexis Gómez Rosa, "La poesía saltó de la trinchera y se refugió en el piano bar, los cine-matógrafos, y las piernas de las oficinistas que recorren la calle “El Conde". En efecto, los poetas de ese período enriquecieron el universo temático de la lírica nacional al introducir el tema de la ciudad, los gustos de la pequeña burguesía: el cine, los clubes, las ferias, las cafeterías y el mundo de la publicidad y el mercadeo.

     Desdichadamente, los acontecimientos históricos advinieron demasiado rápido para los poetas del primer período de la Generación del 60. En sólo cuatro años acaecieron el asesinato de Trujillo (1961), el derrocamiento de Juan Bosch (1963) y la Guerra de abril de 1965, de modo que el poco tiempo y la compleja situación política del momento impidieron a estos jóvenes artistas alcanzar la madurez nece-saria para poner la lírica nacional a la altura de las exigencias del nuevo modelo cultural inaugurado en el país. Por otro lado, el trabajo publicitario absorbió gran parte de su proyecto poético. El viento frío, de René del Risco, es el espejo que mejor refleja el grado de frustración de esa generación de embrionarios poetas.

     Tanto los poetas sesentistas como otros representantes de las más variadas expresiones artísticas surgidas a raíz de la muerte de Trujillo (artistas plásticos, escultores, cineastas, teatristas, narradores y críticos)  encontraron un valioso apoyo en las páginas de la revista Brigadas Dominicanas, fundada en 1961 por Aída Cartagena Portalatín, en el Frente Cultural, dirigido por el pintor Silvano Lora y el suple-mento cultural del periódico El Nacional de Ahora, dirigido por Freddy Gatón Arce y en el suplemento Auditorium del periódico Listín Diario, dirigido por Marianne de Tolentino.

     La guerra de 1965 y el consecuente advenimiento de un importante movimiento artístico-cultural fue lo que realmente definió el carácter ideológico y la ubicación histórica de esa generación. Los miem-bros de la Generación del 60 se identificaron con la filosofía cultural, con los postulados literarios y los planteamientos políticos puestos en práctica por quienes convirtieron la guerra de abril en la causa principal de su lucha por las reivindicaciones sociopolíticas. Al respecto, señala Andrés L. Mateo: "Fue sólo la guerra de abril de 1965 la que sacó a flote la discusión sobre la naturaleza  gnoseológica  de la producción de textos,  y  ello suponía,  en su complejidad,  un punto de partida totalizador de todo el proceso anterior...   Si antes de 1965 se contaba en el país con un modelo simple del hecho de la creación literaria, mediante el cual nuestros jóvenes creadores se creían desvinculados de la cultura anterior, a partir de la revolución este modelo se complica, y lo que se da en múltiples manifestaciones es el conjunto, la totalidad del conflicto".





   


    
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