Escritores dominicanos

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El indianismo en la literatura dominicana

     
    
INDIANISMO. 1. Término aplicado a las obras literarias que tienen al indígena de la época de la co-lonización como protagonista principal, pero en las que sólo se destaca lo pintoresco y exótico de dicha raza, dejando de lado su problemática social y política. 2. Tendencia literaria hispanoamericana iniciada en 1832 con la novela Netzula, del mexicano José María Lafragua y que se extiende hasta 1889 con la novela Aves sin nido, de la peruana Clorinda Matto de Turner. En la República Dominicana la corriente indianista se desarrolla paralela al movimiento romántico y comienza en 1840 con Javier Angulo Guridi alcanzando su máximo esplendor en 1882 con Manuel de Jesús Galván.

     La corriente indianista dominicana tiene dos momentos importantes. El primero abarca desde 1840, año de publicación  del poema "Maguana" de Javier Angulo Guridi, hasta 1867, cuando apareció el dra-ma Iguaniona, del mismo autor. Los autores de este período, repreentados por los hermanos Alejandro y Javier Angulo Guridi y Félix María Del Monte, aunque estaban motivados por el espíritu libertario y el fervor nacionalista surgido a partir de la independencia nacional de 1844, no lograron arrebatarle el indígena a sus opresores. Tanto las obras de los Guridi como las de Del Monte  se vieron afectadas por  la  inestabilidad política que reinaba en el país y por la inconsistencia ideológica de los intelectuales de la recién lograda soberanía. De ahí que la Ozema de Del Monte se maraville de la grandeza y desarrollo tecnológico del invasor español y la Iguaniona de Guridi se asemeje más a una mujer españo-la del siglo XIX que a una indígena del siglo XVI.

     El segundo momento comprende desde 1877 hasta 1882. Tres obras y tres autores forman este pe-ríodo: Fantasías indígenas (1877), de José Joaquín Pérez; Anacaona (1880), de Salomé Ureña de Hen-ríquez y, Enriquillo (1879-1882), de Manuel de Jesús Galván. Con ellos el indianismo y el romanticismo dominicanos alcanzan su máximo nivel expresivo. Aunque en la República Dominicana la práctica del indianismo expiró con la aparición de Enriquillo, algunos autores nacionales retomaron el tema indígena en la primera mitad del siglo XX. De esa época son las novelas Anacaona, 1474-1503 (1948), de Pedro Vergés Vidal y Toeya (1949), de Virgi-nia De Peña de Bordas. Todas esas obras evocan un pasado remoto del que ya la sociedad dominicana del siglo XIX no conservaba el más mínimo recuerdo.

     Por haber desaparecido totalmente, apenas medio siglo después de la llegada de los españoles a la isla, la población indígena no era una realidad palpable con la que el dominicano del siglo XIX podía identificarse. De ahí que los escritores indianistas dominicanos, al no tener protagonistas reales ni vivencias directas para nutrir sus historias se dedicaron a cantar las grandes hazañas de los héroes y caciques nativos desaparecidos tres siglos atrás. A la idealización del indígena dominicano contribuyó también el sentimiento patriótico surgido de las luchas independentistas, que despertó en los escritores nacionales un marcado interés por encontrar la identidad nacional en un pasado remoto que le había sido arrebatado abrupta-mente por el invasor español.

     Algunos teóricos de la literatura dominicana han usado erróneamente el término indigenismo, en vez de indianismo, para designar a las obras que tienen al indio quisqueyano como figura central. En la actualidad, la mayoría de los críticos latinoamericanos contemporáneos coinciden en que, a pesar de ser el indio el motivo de inspiración, indianismo e indigenismo son dos conceptos distintos. En cuanto a la República Dominicana lo más apropiado es referirse a indianismo, no a indigenismo, ya que ninguna de las obras dominicanas enmarcadas dentro de dicha tendencia (Ozema o la joven indiana, Iguaniona, Fantasías indígenas, Anacaona, Enriquillo, Toeya, etc ) reclaman ningún tipo reivindicación política o social para la raza indígena. La denominación de indigenismo se reserva, en cambio, para obras que reclaman cambios políticos y sociales que beneficien significativamente a la raza indígena del pasado y del presente.

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